El perdón ¿Un acto de soberbia?

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En alguna ocasión he leído, “debes perdonar aunque no se lo merezca” y, muchas veces hemos escuchado “yo perdono pero no olvido” o sentimos que hay cosas que no podremos perdonar en la vida.

La capacidad de “perdón” está unida a la aceptación de cada persona o circunstancia de la vida tal y como ha sido y tal como es. No es una cuestión del otro, si lo merece o no, tampoco es una cuestión de dimensión ligada a lo grave que a nosotros nos parezca lo que ha hecho o sucedido, es una vibración interna que nos permite estar en paz con nosotros y con la vida. Está alejada de los juicios, las comparaciones, las exigencias y del concepto de cómo deben de ser las cosas. Está cercana a la aceptación, la empatía, el no juicio, la responsabilidad personal, la autoestima y el amor. Aceptar no es sinónimo de inmovilidad, desde la aceptación tenemos el alma abierta a nuevas posibilidades. Aceptar a una persona o situación tal y como es no significa resignación podemos aceptar cualquier cosa y desde la paz decidir alejarnos.

El primer acto de aceptación es hacia uno mismo y hacia nuestros padres. Cuando te aceptas y aceptas de donde vienes aceptas la vida tal y como es, desaparece el juicio y llega la paz.

Creo que en ocasiones el perdón es un acto de soberbia, porque el que perdona se siente superior al perdonado, porque el que perdona se siente con derecho a pedir una recompensa ” te perdono a cambio de…”, porque el perdonador se siente en la libertad de perdonarte o no y con ello decidir si eres o no digno de su afecto, cariño etc., Porque es una herramienta de chantaje emocional y manipulación utilizada en rangos de poder no equilibrados padres-hijos, maltratadores-maltratados…, “Hago lo que quieras con tal que me perdones”, “si te perdono es a cambio de…”, “ya te he perdonado 20 veces y sigues igual eres …” y a la inversa “si no perdonas eres…” “perdóname no lo repetiré más”. Cuantas emociones detrás de estos episodios, represión, miedo, culpa, mentira y un largo etcétera personal que cada uno reconocemos al pensarlo.

Las personas sanas y responsables de sus actos no necesitan pedir perdón ni ser perdonadas, es una idea sustituir perdón por lo siento en nuestra manera de expresar al otro que entendemos que hemos podido dañarlo, tampoco necesitan perdonar nada ya que entienden que todo es correcto y por algún motivo que no tiene que estar dentro de su entendimiento está sucediendo.

De lo que nos duele siempre podemos observar que nos está moviendo interiormente y trabajar nuestra herida, agradeciendo a la persona o circunstancia la enseñanza y soltarla con amor aceptando lo que es. De lo que interpretamos como un revés en la vida podemos salir favorecidos o maltrechos, es una decisión personal.

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